Enhebrar palabras. Así, con pasión y dolor, Isolda trabajó este libro. Fue su pedido generoso el que me sitúa en este prólogo de presentación de la autora, una periodista a quien me unió, primero, una relación de trabajo en el diario La Capital, y luego una entrañable relación de amistad. Estos textos de relatos, memorias y crónicas fueron urdidos apuntando al alma. No es un libro nuevo, es el de siempre, el que gestó su historia; este libro es Isolda. Creció desde Guaminí, desde la emoción lejana de la infancia, con las historias del pueblo, con el estallido del amor entre los fusiles hasta con el barrio que se confunde con Villa La Lata.
Hay sensibilidad sin filtros puesta en cada frase, en cada entrelínea, donde se ve surgir la bronca frente al dolor del otro, frente al propio dolor. Y donde con honestidad busca siempre un poco más. Una conversación en el micro a Buenos Aires nos enlaza en la crónica de la muerte del Negro Fontanarrosa; nos lleva con la sinfonía de Bach hasta su abuela; nos trae los personajes del pueblo, los Fino y el Chengo; los gatos y los 90, la villa y los sueños. El dato real junto a lo onírico. Todo se despliega en un tono de confidencias.
Así, a veces desgarradora, o con humor y belleza extendida, estos relatos captan el instante donde se cruzan los ríos de la vida; la propia, la ajena, las ajenas. Las narraciones revelan su mundo con la soledad, el amor, el desasosiego, la profundidad de un momento. Y todo cobra sentido.
Línea tras línea, Isolda Baraldi entrega su corazón repleto de amores y de odios, pero intacto en su esencia. Una celebración, tanto encomio en entender las complejidades del devenir, las posibilidades del ser, las múltiples maneras de no naufragar en sueños enloquecidos. Nadie podrá ignorar al terminar de leer este libro que está allí una mujer comprometida, íntegra y de una valentía feroz puesta en palabras.
A quien la hostilidad del mundo no le ha sido ajena, nos entrega parte de sí deshecha y rearmada, una y mil veces. Surcos de palabras que conmueven y sacuden. Al leer estas palabras pensé en la suma del dolor que nos atraviesa desde el vamos, y en el amor que nos ayuda a resistirlo. Este libro involucra; no se puede después de haberlo leído permanecer indiferente. Fue parido con sumo cuidado, atesorado como un bien muy preciado. En eso reside su encanto.
Stella Hernández